sábado, 24 de octubre de 2009

La leyenda de las luces babilónicas.


Assur había caído en las manos del imperio babilónico hace un par de años. El rey Salamasar V , rey de Babilonia , había obligado a los assuritas a que abandonasen sus antiguos dioses para rendirle culto al inmensísimo Baruk. Pero la noticia molestó a los assuritas, y , estos, en secreto, se reunieron para organizar un levantamiento.

El día del levantamiento llegó. Los hombres más fuertes de Assur se habían reunido con armas y escudos para enfrentarse a los soldados de Salamasar V. Y cuando se alineaban en diferentes puntos de la ciudad, el eco de un cuerno que recorría todo el pueblo convocó a 10 tropas más de lo hombres de Baruk. Masacraron sin piedad a los revolucionarios. Los encerraron en las mismas celdas que había construidos sus propios abuelos y amenazaron con ejecutarlos en caso de reincidencia.

Pero el fervor de un joven guerrero cambiaría la historia. Rumak , un valiente huérfano que había dedicado su vida al cuidado del ganado, había tenido un sueño días antes de la derrota, en este Krion, diosa assurita de la guerra, le advertía sobre la emboscada. La sorpresa que la premonición le había causado, le llevó a consultar a uno de los antiguos sacerdotes assuritas que se escondía en el desierto.

Rumak tuvo que caminar por horas bajo el sol incandescente del desierto de Assurar, cruzar montículos de arena ardiente en la que se consumían las cobras, nadar por ríos desconocidos, para, finalmente, conocer al sacerdote Eridu.

Eridu vio entrar a Rumak y lo reconoció enseguida. “Tú serás el salvador de Assur. Los dioses te han escogido”, le dijo, y le explicó, consultando antes a los dioses, que la debilidad de los hombres de Salamasar V estaba en la obscuridad, y que la diosa Krion le enseñaría la solución en una de las próximas noches.

Rumak agradeció al anciano y cuando se proponía regresar a Assur se le apareció la diosa Krion en uno de sus sueños. Le reveló la técnica para vencer a los babilónicos: estos carecían de reflejos nocturnos, y cualquier ataque que se realizara una vez oculto al sol, sería devastador para los hombres de Salamasar V.

En el camino de regreso a Assur, Rumak encontró un toro durmiendo en trigo a orillas del mar Tigris. Se acercó, y antes de sentir la respiración del animal, este se levantó y empujó a Rumak hacia las aguas.

En la corriente perdió el control de su cuerpo, lo que ocasionó que el assuria descendiera al fondo de una cascada. Ahí la diosa Krion se le apareció otra vez. Le entregó una caja cubierta con un paño de lino. Le dio explicaciones de no abrir la caja hasta la noche de la revuelta.

Despertó a orillas de Assur. Convocó a los hombres que quedaban libres y les comentó acerca de sus sueños. Lo escogieron como líder. Reabastecieron el armamento y los escudos. Y las túnicas moradas de guerra trazaron una imagen de la diosa Krion.

La noche llegó. Los valientes assuitas simularon volver a sus casas después del trabajo agotador impuesto por los babilónicos, cerron sus puertas, y guardaban silencio nocturno.

Pero cuando el sol se ocultó completamente, se escabulleron callados por las calles de la ciudad. Las 7 tropas de assuritas ocuparon lugares precisos para liberar a sus presos y recuperar su autonomía. Sin embargo, el frío de la noche les hizo dudar acerca de Murak. No estaba ahí, no estaba la señal que les había prometido.

Y cuando empezaban a retirarse, una ráfaga de puntos blancos iluminó al pueblo. Murak había abierto la caja de Kreon, de la que había escapado miles de mariposas que brillaban, iluminando la campaña victoriosa de los assitas


No hay comentarios:

Publicar un comentario