José Antonio Ramos Sucre
(Venezuela 1890-1930)
Caminar por las noches hasta el éxtasis
o hasta la desesperación,
derrotando farolas, descaminando aceras
y contando los últimos nictálopes
hasta el negro total
o hasta el dolor del alba.
Los gatos son hermosos en estas horas ciertas
de minutos larguísimos.
Sus ojos desperezan mis instintos más bajos,
aunque no soy capaz de desbocarlos.
Algún destello a veces
de un automóvil mágico
y esta soledad única, indescifrable y nítida
de segundos eternos
que reclama descanso
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Argentina 1936-1972
Podad mi cuerpo
cada primavera,
y que crezcan
con fuerzas renovadas,
en su tumba,
mis esquejes.
(España 1922-1972)
el rastro genital y sus mucosas,
la bella microflora de los vientres,
el ardor de la axila,
el virus, la bacteria que comparto,
el hedor de la herida pustulada,
el piloso lunar –centro de todo–,
el interdedo,
la uña incluso?
¿Cómo no amarte, cuerpo,
con el odio brutal del abandono?
Porque te vas,
¿lo sabes?
Te vas a trozos trágicos,
a escamas.
Te vas a trompicones
amputándome.
Te vas a tragos.
Te me ajas sin más...
y yo mirando.
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Jon Mirande
Paris (1922-1975)
A los violentos abertzales.
Acotar el terreno con la voz,
con palabras usadas sin más razón
que el mercadeo diario,
y luego hacer idioma del balbuceo aquel
y llenar mil papeles con sus signos.
Después literatura,
luego algún manifiesto,
ciertas leyes,
quizás algún prospecto
que sirva de ideario...
y unas armas
con las que defender
lo indefendible.
Morir matando
no puede ser suicidio.
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José Asunción Silva
Colombia (1895-1896)
Conociendo con precisión exacta
cada punto vital
y rodeándolo con una diana cierta,
tendré siempre constancia
de que la muerte habita donde la vida late.
Dibújeme, doctor,
un corazón gemelo
al que mi pecho encierra,
y hágalo en el lugar justo que ocupa.
No soy buen tirador,
usted me entiende.

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