domingo, 29 de noviembre de 2009

4 de abril del 94 (Siesta)






José Antonio Ramos Sucre

(Venezuela 1890-1930)

Caminar por las noches hasta el éxtasis
o hasta la desesperación,
derrotando farolas, descaminando aceras
y contando los últimos nictálopes
hasta el negro total
o hasta el dolor del alba.

Los gatos son hermosos en estas horas ciertas
de minutos larguísimos.
Sus ojos desperezan mis instintos más bajos,
aunque no soy capaz de desbocarlos.

Algún destello a veces
de un automóvil mágico
y esta soledad única, indescifrable y nítida
de segundos eternos
que reclama descanso

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Alejandra Pizarnik

Argentina 1936-1972

Podad mi cuerpo

cada primavera,

y que crezcan

con fuerzas renovadas,

en su tumba,

mis esquejes.

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Gabriel Ferrater

(España 1922-1972)

¿Cómo no amarte

si tú eres la saliva,

el rastro genital y sus mucosas,
la bella microflora de los vientres,
el ardor de la axila,
el virus, la bacteria que comparto,
el hedor de la herida pustulada,
el piloso lunar –centro de todo–,
el interdedo,
la uña incluso?

¿Cómo no amarte, cuerpo,
con el odio brutal del abandono?

Porque te vas,
¿lo sabes?

Te vas a trozos trágicos,
a escamas.
Te vas a trompicones
amputándome.
Te vas a tragos.

Te me ajas sin más...
y yo mirando.

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Jon Mirande

Paris (1922-1975)

A los violentos abertzales.

Acotar el terreno con la voz,

con palabras usadas sin más razón

que el mercadeo diario,

y luego hacer idioma del balbuceo aquel

y llenar mil papeles con sus signos.

Después literatura,

luego algún manifiesto,

ciertas leyes,

quizás algún prospecto

que sirva de ideario...

y unas armas

con las que defender

lo indefendible.

Morir matando

no puede ser suicidio.

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José Asunción Silva

Colombia (1895-1896)

Conociendo con precisión exacta

cada punto vital

y rodeándolo con una diana cierta,

tendré siempre constancia

de que la muerte habita donde la vida late.

Dibújeme, doctor,

un corazón gemelo

al que mi pecho encierra,

y hágalo en el lugar justo que ocupa.

No soy buen tirador,

usted me entiende.

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